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Adviento: Tiempo de espera, tiempo de conversión, tiempo de amor
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El ángel les dijo: “No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor y esto les servirá de señal: Encontraran a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y de pronto se junto con el ángel una multitud del ejercito, que alababa Dios, diciendo: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace”.

Lucas 2, 8-14

Nace Jesús y el mundo comienza a moverse. Se mueven los ángeles, también los pastores. Llegan después los reyes del oriente. Se estremece Herodes, intervienen los soldados. La comarca entera es sacudida como un árbol del que se hace caer la fruta. Jesús empieza a marcar historia, a dividir las aguas, a interpelar las conciencias, con el sólo hecho de existir. Esta es la Buena Nueva que viene en busca de que otros se salven de las insidias de este tiempo a interrumpir la falsa paz, la paz de Satanás, rey de este mundo perverso.

Ésta es la primera lección que nos da Cristo, el Enviado del Padre. Y es que Él anuncia con sólo su nacimiento, con su presencia, con su ser.

Este, diríamos, es el secreto último de toda sanación, se trata de recibir el Amor de Dios. Nuestra Salvación, nuestra salud no depende de nosotros, viene de Dios.

Hay muchos que están enfermos precisamente por que no han descubierto que la mejor disposición para recibir gracia es, precisamente, ponerse en situación de recibir, tener las manos abiertas, confiadas, pensando que Dios nos Ama.

Desde nuestro nacimiento hemos recibido tanto desamor, que se ha ido haciendo en nosotros como una segunda naturaleza que nos impide creer que se nos puede amar en forma incondicional, y menos sin mérito alguno de nuestra parte; y proyectamos sobre Dios nuestra deficiencia para aceptar que podemos ser amados; y también nuestra deficiencia para aceptar que podemos ser amados; y también nuestra deficiencia para amar de esa forma.

Creo sinceramente que esta es una dificultad trascendente en nuestra vida. Hay quienes creen que la mayor dificultad está en amar. Yo creo que la mayor dificultad está en dejarse amar. Y la mayor fuente de trastorno si no lo hacemos.

Dios no nos pide tanto que lo amemos, sino que nos dejemos amar por Él.

Solo el hombre que se deja amar empieza a sentirse bien, importante, satisfactorio; y su vida cobra total razón de ser. Nada puede someterlo porque él cuenta con el respaldo más grande de todos, El Amor de Dios. Y aunque no tenga nada, lo tiene al todo.

El amor de Dios en nuestras vidas es la simiente de un verdadero amor a nosotros mismos. Cuando una persona se ama bien así misma, transmite en forma natural ese amor a los demás, sin necesidad de esfuerzo; por el contrario, si no fuera así una persona de buena voluntad podrá hacer muchos esfuerzos, pero difícilmente logrará amar de corazón y su esfuerzo, sin mayores resultados, le traerá cansancio y quizás aumentará su resentimiento. Hay varias razones que nos hacen difícil aceptar este amor verdadero.

Quedamos desorientados, nos ponemos duros, porque se nos hace difícil aceptar un amor que no sólo no comprendemos bien, sino que no sería capaz de actuar por nuestra cuenta. Pero si no dejamos a Jesús que nos ame no seremos salvados; además se revela nuestro egoísmo. Porque ser amados nos obliga a amar de esa manera a todo el mundo, aún si no fueran perfectos como tampoco somos perfectos nosotros y sin embargo Dios nos ama hasta el extremo. Sólo el amor de Dios penetrando en nuestras vidas puede llegar a doblegarnos y a llevarnos a amar, sin esperar que los demás nos amen. Esto nos transforma por dentro.

Jesús es la fuente de vida de cada uno en particular y en este tiempo Él nos necesita. Nosotros no podemos amar como nos ama Dios, pero Jesús puede amar por intermedio de nosotros.

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: “Ya reina tu Dios”! Isaías 52, 7

 

 

Osvaldo Cuadro Moreno "Jesús Sana Por Dentro".Ed.Homini. pág.89,90,92.3ª edición Argentina 1998. "La Novena Del Evangelizador". pág. 80.1999.