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NOCHEBUENA A LA LUZ DE LAS
VELAS
María
Eugenia Coeymans
Teresa trabaja
sin cesar para tener la ropa almidonada y planchada,
lista para entregar a sus patrones.
Los manteles quedaron albos y sin arruga. Se verán
hermosos en Nochebuena con la familia entera reunida, la
porcelana fina y las velas encendidas... Así quisiera
comer ella esta noche. Pero Tomás su esposo no está.
Busca trabajo en otras tierras. Sólo sabe que ahora
tiene que pagar lo que pidió fiado a don Andrés y
comprar gas para cocinar. No cree que pueda comprar un
pollo y un regalo para su pequeña Sara.
La niña juega a su lado sin darse cuenta de los
pensamientos maternos. Sólo se acerca diciéndole:
-te ayudo, mamá.
Extiende sus brazos y la besa. Cuando está todo
preparado van juntas con la cesta de ropa al otro lado
de la ciudad. Desde el bus, Sara percibe el movimiento
de la gente y ve un Pascuero tras otro, todos sudorosos
en sus gruesos disfraces.
-¿Quién es? -pregunta inquieta al pasar junto a uno.
Ana le responde:
-Un anciano que da regalos sólo a los niños que se
portan bien.
Sara recuerda haber dejado algo de sopa al almuerzo y
también que desobedeció a su mamá cuando le pidió que
guardara la loza. Recuerda que mintió cuando le
preguntaron si ella se había comido un durazno y...
varias cosas más.
Su rostro se entristece mientras piensa que no recibirá
ningún regalo. Sólo a quienes se portan bien, se repite
una y otra vez.
Bajan del bus y caminan un par de cuadras. Pasan frente
a una Iglesia y la niña pide entrar.
Está triste, se siente culpable. La madre accede
.
Entran en completo silencio. Está todo oscuro salvo una
luz tenue al lado del altar. La pequeña se acerca y ve
la figura de una mujer inclinada mirando hacia abajo y
un señor a su lado apoyado en un bastón alto. Detrás,
las figuras de un burro y un buey. Nada más. Ah! Una
cuna de paja vacía y una estrella que cuelga de lo alto.
-Mamá , ¿qué mira la señora, si la cuna está vacía?
-Ella espera a su hijo. Es la Virgen María y Él llega
cada Nochebuena como lo hizo en Belén. Viene a todos los
que deseen recibirlo.
- Mamá, yo quiero verlo, quiero conocerlo.
- Pidamos a su Madre que lo haga nacer en tu corazón
esta noche.
-Mamá, pero si Él es como esos Pascueros, vendrá sólo a
los niños que se porten bien, y yo me porté mal.
Mientras decía esto, la imagen de la Virgen levantó su
cabeza y mirándola le habló muy bajo:
-Mi Hijo viene a todos y esta noche Él te visitará...
Sara miró a su madre y le dijo:
-Vamos pronto a casa a esperar su visita.
Dejan la ropa. Teresa recibe su paga y su patrona le
entrega una caja diciéndole al oído.
-Va comida para hoy y un recuerdo para usted y su hija.
-Muchas gracias, señora Alicia. Que Dios la bendiga
siempre.
En el camino de regreso a casa la niña va silenciosa.
Teresa la abraza y musita:
-Gracias Señor, porque tendremos algo para pasar la
Nochebuena.
Al llegar, Sara pide:
-Mamá, por favor, preparemos la casa. Él vendrá esta
noche-.
Luego coge la escoba. Barre todo: el piso de la cocina,
la acera y la entrada de la casa. Pasa un paño por los
muebles, sacude la ropa. Busca un mantel limpio y pone
tres puestos en la mesa. Coge tres rosas del único rosal
al lado de su ventana y las coloca frente a cada lugar.
Va a la cocina y saca una. La parte en tres trozos y los
ubica al lado de cada rosa.
La madre calienta el pollo, que viene asado, y las
papas. Aliña la ensalada y pone en un cesto de mimbre un
trozo de pan de Pascua y fruta fresca.
Cuando está todo listo abraza a su hija y le dice:
-Demos gracias a Dios por esta Nochebuena.
Abren la ventana y miran juntas las estrellas. Una de
ellas brilla mucho más.
-Mamá, esa es la de Belén - exclama Sara. Y Él vendrá
esta noche, pues yo lo espero.
Mientras dice esto siente un brazo fuerte en su hombro y
Teresa otro en el suyo. Se miran y descubren a Tomás
abrazándolas con sus ojos brillantes.
Comen juntos después de mucho tiempo, sobre un mantel
limpio y almidonado, a la luz de las velas, y se dicen
cuánto se quieren y cuánto se extrañaron.
Sara se duerme feliz en brazos de su padre y ve venir en
su sueño a María y Su Hijo recién nacido sonriéndole.
GUÍA PARA PADRES
Este cuento
muestra el amor incondicional de Dios expresado en la
visita que la Virgen ofrece a Sara de su Hijo, no
importa lo haya hecho o dejado de hacer. Ese amor sana
el corazón, cambia, transforma. Es tan diferente al
regalo ofrecido a cambio de algo, portarse bien o lo que
fuere. La actitud de Sara después de su paso por la
Iglesia ya no es la misma. Su respuesta es de esperanza
y acogida. Y la visita realmente se da, en la persona
del padre quien regresa a casa después de un largo
tiempo. Es el amor de Dios que llega a través de las
personas, rostro suyo para los demás.
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