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NOCHEBUENA BAJO EL PUENTE
María
Eugenia Coeymans
Es de día y
todo el mundo muy ajetreado corre de arriba-abajo
buscando regalos, para Navidad.
Viejos Pascueros sudorosos repiquetean con campanas, y
preguntan a los niños:
-¿Tú, qué quieres en Navidad? Si te has portado bien,
por la noche te llegará lo anhelado y si te has portado
mal... nada tendrás.
En las tiendas más pascueros. Grandes, de goma, de
madera, pintados, de cerámica y porcelana para adornar
la casa esa noche tan especial.
Un gran árbol iluminado preside la celebración, mientras
coros envasados repiten villancicos hasta el cansancio y
acompañan a los transeúntes en su prisa por el centro
comercial.
Desde lo alto, el Sol contempla desgarrado el olvido del
Mesías. De Jesús recién nacido en el Portal de Belén. Y
de sus ojos brota una lágrima de oro que cae hacia la
Tierra.
Llega la noche y la Luna doliente ve el olvido de Jesús
Niño en Nazaret. Y de sus ojos brota una lágrima de
plata que cae hacia la Tierra.
Los planetas enmudecidos, miran el olvido de Jesús
Hombre en la Cruz. Y de sus ojos brotan lágrimas de
esmeralda que caen hacia la Tierra.
Las estrellas temblorosas, escuchan en silencio el
olvido de Jesús Resucitado en Jerusalén.
Y de sus ojos brotan lágrimas de brillante que caen
hacia la Tierra.
Y bajo el puente del río de la gran ciudad, en
Nochebuena, tres niños, Pedro, Antonio y Alberto, en su
pobreza celebran la Navidad. Reparten abrazos y
compañía. También migajas de pan. Musitan una oración al
Niño aquél, nacido pobre como ellos, y cuyo portal
cubrió la estrella. Y miran hacia lo alto.
Ven venir desde allí destellos de colores que les caen
encima como lluvia fresca. Gotas de oro, plata,
esmeralda y brillante, venidas desde el cielo.
Y en el universo entero, el Sol sonríe de nuevo, la Luna
seca sus ojos y los planetas y estrellas titilan
cantando Gloria a Dios.
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