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LA SENSIBILIDAD DEL ALMA
Por Claudio de Castro
¿Te has dado cuenta? Parece que hemos perdido
la sensibilidad del alma.
Extraviamos el camino y ya no nos duele
pecar.
Ofendemos a Dios con demasiada facilidad.
Algunas películas y programas de televisión,
nos muestran un mundo distorsionado, como el ideal. Y quieren
que nosotros participemos de él.
La homosexualidad, el aborto, la eutanasia y
el adulterio, se hacen ver como algo natural y deseable. Parece
que te dijeran: “Si haces estas cosas, serás feliz”, cuando no
es verdad. Ofendiendo a Dios, nunca serás feliz.
Hay que llamar al pecado por lo que es. Y
estos, son actos graves, muy serios, que ofenden profundamente a
Dios. Hieren el corazón de Dios. Y nos apartan de él.
Un sacerdote nos contaba de una joven que se
confesaba una y otra vez del mismo pecado: “había abortado”. El
buen sacerdote le decía: “pero ya le di la absolución” y ella
respondía: “es que este peso tan grande no me deja vivir”.
Dios no te ha creado para que destruyas tu
cuerpo y condenes tu alma, sino para que seas un templo digno
del Espíritu Santo; y llegues gloriosamente a la eternidad.
No dejes que te engañen. La verdadera alegría
está en Dios. La verdadera Paz. El verdadero gozo. Lo demás sólo
te traerá dolor y sufrimiento.
En Fátima la Virgen le dio a los niños
videntes un mensaje que impacta: “No ofendan más a Dios, que ya
está muy ofendido”.
Y les mostró el infierno, donde van las almas
de los pobres pecadores: “vimos como si fuera un mar de fuego.
Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma
humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o
color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en
el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a
grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas
entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y
gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos
hicieron temblar de miedo”.
No podemos hacer nada por las almas que están
en el infierno, allí permanecerán por toda la eternidad; pero sí
por las que están en peligro de condenarse. Aquellos que viven
en pecado.
Nos toca orar y pedir por ellos.
La Virgen le dijo a los niños: “Hagan
sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente
cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por
la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas
cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”.
Un escritor dijo una vez: “Qué tristeza
perder una brillante eternidad, por un poco de tierra”. Y un
santo pregonaba: “Sólo tienes un alma, si la pierdes, ¿qué
harás?”
El infierno existe, aunque muchos lo quieran
negar.
¿No sabes que te puedes condenar?
Pero también te puedes salvar y ser feliz,
eternamente.
Es lo que Dios quiere, que nos salvemos. Para
eso vino Jesús, para que nos salvemos.
Este mundo, sumergido en tanta maldad,
necesita que hagas un alto, para que lo llenes de la pureza y
del amor de Dios.
Mira tu interior: “¿En qué estado se
encuentra tu alma?” “¿Hay luz o hay tinieblas?”
Un amigo me comentó: “Si yo supiera que tengo
el alma en pecado mortal, correría al confesionario. Recuperaría
su pureza y la guardaría con todas mis fuerzas”.
¿Has perdido tu pureza? ¿Vives en pecado
mortal?
Pídele al buen Dios con humildad y te
escuchará. Él siempre da nuevas oportunidades. Recuerda al
ladrón que murió en la cruz al lado de Jesús. ¡Era un ladrón! y
Jesús lo perdonó. “Un corazón arrepentido, Dios nunca lo
desprecia”.
Es hora de buscar a Dios. De volver a sus
caminos.
Si rezas como el salmista: “Te piedad de mí,
oh Dios, en tu bondad, por tu gran corazón, borra mi falta. Que
mi alma quede limpia de malicia.
Purifícame de mi pecado. No me rechaces lejos
de tu rostro Ni me retires tu espíritu santo”. (salmo 51)
Seguramente Dios te responderá emocionado:
“No temas, porque yo te he rescatado. Te he llamado por tu
nombre. Tú eres mío. ... te amo y eres importante para mí”. (Is
43, 1-3)
Un alma pura e inocente, recibe gracias
abundantes. No imaginas cuántas. Dios nunca se aparta de ella.
Nada hay tan hermoso como un alma en gracia
de Dios.
¡Animo!
Guarda la pureza de tu corazón.
Pide a la Virgen su protección.
Vive en la presencia de Dios.
Y serás feliz.... verdaderamente.
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