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Es Navidad
- II
Textos de san Josemaría sobre la Navidad
Cuando llegan las Navidades, me gusta contemplar las imágenes
del Niño Jesús. Esas figuras que nos muestran al Señor que se
anonada, me recuerdan que Dios nos llama, que el Omnipotente ha
querido presentarse desvalido, que ha querido necesitar de los
hombres. Desde la cuna de Belén, Cristo me dice y te dice que
nos necesita, nos urge a una vida cristiana sin componendas, a
una vida de entrega, de trabajo, de alegría.
Es Cristo que pasa, 18, 1
Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos
luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia. El
mensaje de la Navidad resuena con toda fuerza: "Gloria a Dios en
lo más alto de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de
buena voluntad" (Lc II, 14). "Que la paz de Cristo triunfe en
vuestros corazones", escribe el apóstol (Col III, 15).
Es Cristo que pasa, 22,4
Jesús nació en una gruta de Belén, dice la Escritura, "porque
no hubo lugar para ellos en el mesón".
—No me aparto de la verdad teológica, si te digo que Jesús
está buscando todavía posada en tu corazón.
Forja, 274
Llégate a Belén, acércate al Niño, báilale, dile tantas cosas
encendidas, apriétale contra el corazón...
—No hablo de niñadas: ¡hablo de amor! Y el amor se manifiesta
con hechos: en la intimidad de tu alma, ¡bien le puedes abrazar!
Forja, 345
Nuestro Señor se dirige a todos los hombres, para que vengan
a su encuentro, para que sean santos. No llama sólo a los Reyes
Magos, que eran sabios y poderosos; antes había enviado a los
pastores de Belén, no ya una estrella, sino uno de sus ángeles (Lc
II, 9). Pero, pobres o ricos, sabios o menos sabios, han de
fomentar en su alma la disposición humilde que permite escuchar
la voz de Dios.
Es Cristo que pasa, 33, 5
“Hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el
Señor. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los
cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad
entera. Dios está aquí.”Esa verdad debe llenar nuestras vidas:
cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro
con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo
de nuestra alma.
Es Cristo que pasa, 12, 1
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