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Navidad:
Hoy ha aparecido el Salvador

Abrámosle las puertas de nuestra alma para que nazca en nuestras vidas

Por Guillermo Juan Morado

 

Hoy ha nacido Jesucristo; hoy ha aparecido el Salvador; hoy en la tierra cantan los ángeles, se alegran los arcángeles; hoy saltan de gozo los justos, diciendo: "Gloria a Dios en el cielo". Aleluya (Antífona del Magnificat de las II Visp.).

La Iglesia exulta de alegría en la celebración de la Natividad del Señor y se une al canto de alabanza de los ángeles porque Dios ha visitado a su pueblo.

Hoy ha nacido Jesucristo, Resplandor de la luz eterna, Rey de las naciones, Piedra angular de la Iglesia. Hoy ha aparecido el Salvador, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para reconciliar a los pueblos, para salvar al hombre formado del barro de la tierra.

La Iglesia contempla admirada el Misterio de la Encarnación del Verbo: El que es Dios de Dios y Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre. La Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, se hizo carne y acampó entre nosotros. Como leemos en el Cántico de la epístola a los Filipenses, "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos". Bajó del cielo por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Nos ofrece, así, la prueba del amor del Padre y el regalo de una nuevo comienzo, la posibilidad de ser, por la gracia, hijos de Dios.

Hoy saltan de gozo los justos; en la tierra cantan los ángeles, se alegran los arcángeles. Los pastores de Belén y la creación entera, se unen a María y a José para adorar al Niño acostado en el pesebre.

Qué también nosotros lo recibamos con alegría. Abrámosle las puertas de nuestra alma para que nazca en nuestras vidas. Pidámosle también, en la Santa Misa de Navidad, que rejuvenezca a su Iglesia, que socorra a los débiles y consuele a los tristes, que mire con amor a los pobres y que admita en su gloria a todos los difuntos. Qué Él, Rey del cielo y de la tierra, nos conserve en su paz. Amén.

 


 

 

 
   
 

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