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Saludo de “Navidad a la calle”
“La estrella de la Virgen”
Navidad a la calle es una Navidad peregrina.
Igual que Jesús ¿cuánto camino recorre
dentro de su Madre, junto a san José, hasta
llegar al censo de Belén? Nace en una cuna
improvisada, como quien está dispuesto a
seguir andando pronto. Ha sido desde siempre
el gran Caminante peregrino, pero llega a
presentarse como el verdadero Camino: “Yo
soy el Camino” (Jn 14, 6). Él es el
Caminante y el Camino, para enseñarnos que
no nos cansemos de buscar la verdad, la
vida, el bien. El punto de llegada es su
amor sin fin.
Él peregrina primero, para darnos la
seguridad de que va delante y con cada uno.
Sale del Padre, viene a nuestro encuentro
humano, como el más pequeño: un recién
nacido. Al crecer, inicia su vida pública
como Peregrino, el gran peregrino del Padre.
Camina y camina, para decirle al hombre de
todos los tiempos: “el Padre mismo los
quiere” (Jn 16, 27). Él regresa al Padre,
pero se nos queda como el Camino que lleva
al gozo de vida plena, después de nuestra
peregrinación terrena.
Los caminantes necesitan una estrella para
guiarse en su andar, como hicieron los magos
y los pastores. Siguiendo una estrella,
llegaron a ver al “recién nacido en un
pesebre” (Lc 2, 12). Nunca fueron más
felices que en esa Navidad. Transitaban
caminos y encontraron el Camino, el que
lleva a Dios y a una honda felicidad por
haber encontrado el tesoro.
Andando se encuentran ejemplos cotidianos
que inspiran. Como el del joven siervo de
Dios, el ingeniero chileno Mario Hiriart.
Era una persona que gustaba de la comodidad,
no iba a campamentos con otros jóvenes
porque no le gustaba alojar en carpa, ni
andar mucho, y donde todo es incómodo. Un
día de su vida le traspasó el resplandor de
una estrella, igualito que a los pastores y
los magos. Esa luz lo guió para siempre y le
cambió la vida por completo. Su estrella
tiene un nombre: María, la Virgen Madre, y
el joven se convirtió, con una generosidad
asombrosa, en un peregrino de Dios. Buscaba
a Dios cada día, en lo que estuviera
haciendo, en las situaciones grandes y en
las pequeñas.
Consideraba que todos, ingenieros y
arquitectos, médicos y artistas, filósofos y
técnicos, padres y madres, pueden ser
santos, cualquiera sea su lugar en la vida.
Repetía que hay un “caminito” para lograrlo:
disponerse como un instrumento dócil en las
manos de Dios, hasta en los más singulares
detalles. Cada minuto es una oportunidad
para dialogar, consultar, conversar con
Dios, compartirle todo en confidencia. Es
así como Mario veía que le ocurrían muchas
Navidades, se sentía nacer todos los días,
sabiendo que Jesús salió a su encuentro
primero, y lo fue colmando de milagros
diarios al ayudarle a cambiar para mejor.
Por eso, cada fecha de Navidad cristiana,
Mario se conmovía entero ante lo que se
celebraba. En una de esas Navidades -la de
1956-, le ganó la ternura por el Dios Niño y
le escribió un villancico, al que un amigo
puso música, y se llamó
“La estrella de la Virgen”.
En esta Navidad del 2011, podemos rezarlo y
cantarlo muchas veces, hasta inventarle
músicas nuevas, así como cada Navidad es
nueva en el tiempo y en nuestra vida:
De la estrella de la Virgen
nos ha nacido un lucero
qué hermosa lunita tiene
para hacer tierno su sueño
Dormidito
está entre pajas
plumas más blandas no fueran
que los ángeles lo acunan
para hacer tierno su sueño
María y José vigilan
que nada turbe el silencio,
su dulce canción de cuna
sólo se la lleva el viento.
¡Bendecida Navidad!
Amelia Peirone
/ Roma
Italia

LA VERDADERA RIQUEZA
Hace poco una joven me escribió diciéndome:
“Gracias por ayudarme a recordar que Dios es
la verdadera riqueza”.
He pasado el día pensando en ello, en
nuestra verdadera riqueza: Dios.
Lo olvido con tanta frecuencia. De pronto me
llegan las tentaciones, y pienso que debo
vivir para obtener bienes materiales. Qué
insensatos somos a veces. Como si estas
cosas duraran para siempre.
“Allí donde está tu riqueza, allí estará
también tu corazón”, nos dijo Jesús (Mt. 6,
21). Yo anhelo que mi corazón palpite en su
Amor. Vivir en Dios. Que Él lo sea todo para
mí.
Dios conoce nuestra naturaleza y nos envía
signos, cosas que podemos ver y tocar. Así
comprendemos un poquito su gran misterio de
Amor.
Me gusta pensar en aquella frase que dice
que Dios tiene nuestros nombres escritos en
la palma de su mano. Nos ama tanto que desea
tenernos siempre presentes.
Es lo que hacemos con una foto, tenemos
presentes a los que amamos.
Y es lo que hacemos cada diciembre con los
Nacimientos. Tener presente al pequeño
Jesús, a la Virgen, a San José.
Cada Nacimiento es un signo que nos recuerda
el valor de la humildad, la sencillez, la
serenidad, la paz, al Amor, la poca
necesidad de bienes materiales, y sobre todo
que “Dios basta”, no necesitamos más. Con
Dios lo tenemos todo.
Esa es la importancia de iniciativas como
Navidad a la calle, que llevan adelante
Enrique Soros y Mario Jorquera.
Llevamos un mensaje visual a los que
necesitan una voz de aliento y a los que
necesitan hacer un alto en sus vidas.
Cada Nacimiento les habla al corazón: “No te
aferres a lo material”. “Mira al pequeño
Jesús”. “Ámalo mucho”. “Ámalo más”.
Es un mensaje tan fácil de llevar y
comprender.
En un Nacimiento está todo...
Nos recuerdan que Dios es nuestra verdadera
Riqueza y que la Navidad es para tener vida
interior, para unirnos en oración a la
Familia de Nazaret y para amar un poco más a
nuestros semejantes: al pobre, al que nada
tiene, a nuestras familias, a los que nos
aman y a los que nos hacen daño… a todos.
He allí lo maravilloso de este proyecto.
Claudio de Castro / Panamá
Escritor

En mi opinión Navidad a la calle, es una
iniciativa cristiana que tiene la
particularidad de ser simple, directa y
constituye un acompañamiento real a quienes
quieren celebrar la Navidad como verdaderos
cristianos en compañía de la comunidad
social en que están insertos. Espero que
esta brillante iniciativa continúe prestando
tal valioso servicio a la comunidad
cristiana. Es un potente testimonio de
nuestra fe.
Juan Esteban Manríquez
Ulloa
Las Condes. Santiago. Chile
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