Navidad
de los niños
Búsqueda de
albergue y pesebre viviente en el Santuario de
Buenos Aires, en el barrio de Belgrano "R"

ARGENTINA, Hna.
María Ester. Fue una Navidad diferente la que
se celebró en la Nochebuena en el Santuario de
Buenos Aires, en el barrio de Belgrano "R". Una
Navidad de los niños, una Navidad vivida con la
actitud de los niños. Después de la "búsqueda de
albergue" realizada el 18 de diciembre, en la
Nochebuena salió "una multitud del ejército
celestial" para saludar al Niño Jesús ¡el
angelito más pequeño de seis meses en brazos de
su abuela!
El día 18de
diciembre, en la Sta Misa de Alianza a las 20 hs,
hicieron la "búsqueda de albergue" con los niños
que diariamente visitan el Santuario.
Para vivir una
Navidad diferente
En los días previos
se habían preparado con cantos y con el trabajo
espiritual de vivir cada día los propósitos del
calendario de Adviento adecuados a su edad. Por
ejemplo, un día el propósito era:"Hoy pido todo
‘por favor’ como lo haría el Niño Jesús"; y
otro: "Hoy ayudo en casa a poner la mesa".
Tareas concretas y llenas de actos de amor para
preparar el corazón para la llegada del Niño
Dios.
San José y María
partieron desde la casa de las Hermanas, junto
al Santuario – casa donde estuvo el Padre
Kentenich en los años 1950 y 51 – acompañados
por muchos angelitos. Una niña que llevaba la
Virgencita Peregrina del Adviento.
Al golpear las
distintas puertas, los posaderos aludieron como
excusa que no les podían abrir porque estaban
muy preocupados por las compras de los regalos y
la cena de Navidad, que no había tiempo para
Dios y para el alma. También les dijeron que
tenían miedo de abrirles su casa por la
inseguridad que reina en las calles y ellos eran
dos personas desconocidas.
Por último llegaron
al Santuario. Allí el Arcángel Gabriel los
recibió y les dijo que si venían en la
Nochebuena, seguramente encontrarían una
comunidad bien dispuesta a albergarlos.
Finalmente los angelitos repartieron estrellas a
los presentes proponiéndoles que quienes
estuvieran dispuestos a vivir una Navidad
diferente, escribieran allí su nombre para
después poder colgar esa estrella en el arbolito
Con esta sencilla
actividad las familias se vincularon más al
Santuario y también fue una forma de vivir una
Navidad diferente.
Esta es la Palabra
hecha carne que vino al mundo para salvarnos
24 de diciembre.
Comenzó la Santa Misa de la Nochebuena a las
20.30. No cabía un alfiler en el amplio patio
frente al Santuario. El coro estaba formado por
una familia de músicos (abuelos, padres, hijos y
nietos), con guitarras violín y bombo. Al canto
del Gloria, salió una "multitud del ejército
celestial" tocando campanitas y felices de
rodear la cuna del Niño Dios, aunque éste
todavía no había llegado.
Había muchísimos
niños. Los más chiquitos (eran un montón) hacían
de angelitos. Cuando la gente que llegó vio eso,
mandó a sus propios hijos adelante para que
también sean angelitos, así que la Hermana a
cargo a toda velocidad les ponía una especie de
vincha dorada, hecha con las guirnaldas que se
usan habitualmente para adornar el arbolito...
En el momento del
Aleluya, avanzaron solemnemente María y José por
el pasillo del medio. La Virgen traía un Niñito
de tamaño natural, cubierto con una tela. El
Padre Javier Arteaga proclamó el Evangelio y
después que dijo "Palabra de Dios", San José
descubrió al Niño y María se lo entregó al
sacerdote quien lo levantó en alto y dijo: "Esta
es la Palabra hecha carne que vino al mundo para
salvarnos". Después depositó al Niño en la cuna.
En ese momento San José sacó su flauta de la
cintura y suavemente, de rodillas mirando al
niño, tocó él solito, Noche de paz. Fue un
momento de cielo, porque los angelitos, unos 20
niñitos entre 5 meses y ocho años, estaban
arrobados contemplando al Recién nacido.
Luz para muchos
En el momento de
las ofrendas aparecieron los pastores trayendo
pan para que nunca falte en la mesa de los niños
pobres; una canasta de frutas: el esfuerzo del
trabajo de todo el año ofrecido al Capital de
Gracias; la leche: la esperanza de que nuestra
patria sea una imagen de la Patria del cielo, y
los capitalarios, que eran los calendarios de
adviento conquistados con tanto esfuerzo.
Después dos pastores pasaron a recoger las
estrellas que habían entregado en la noche del
18-12, para que cada uno pudiera poner su nombre
en el arbolito y así ser luz para muchos.
Las familias dijeron al terminar la celebración
y después de besar al Niñito, que ésta había
sido – para toda la Familia – una Navidad
diferente.